HAY UNA SOLUCIÓN

HAY UNA SOLUCIÓN
Oración de la Serenidad: Dios concédeme SERENIDAD para aceptar las cosas que no puedo cambiar… VALOR para cambiar las que puedo… y SABIDURIA para reconocer la diferencia…

3.6.11

El día que conocí a Bill W.
Fundador de la Sociedad de Alcohólicos Anónimos.
(segunda parte)

Artículo de la Revista TV ESPAÑOL, entrevista realizada por el periodista salvadoreño José Bernardo Pacheco en el año de 1967. 
 
Cuando Bill regresó a E.U.A. trabajó como investigador de fraudes en una compañía de seguros mientras estudiaba para abogado en la Escuela de Leyes de Brooklyn, Nueva York. Más tarde llegó a ser un excelente analista de la Bolsa de Valores logrando inmensas fortunas para él y sus clientes, pero el alcoholismo iba imponiéndose a pase acelerado y seguro...El día de su examen final en la Escuela de Leyes esta tan ebrio que a esas alturas cualquier fracaso le servía de pretexto para emborracharse. Y cuando Bill bebía se mostraba soez, violento, intolerable e intolerante y peleaba con meseros de restaurantes, cantineros, taxistas, oficiales de policía y hasta con desconocidos sin motivo alguno. “Mi alcoholismo era, a todas luces, explosivo”, reconocía Bill.

Por las mañanas, al sentir culpa y remordimiento, Bill juraba a su esposa que nunca más volvería a beber, pero por las noches esta ebrio otra vez, y otra vez hasta el desconsuelo de su dulce Lois.

La quiebra de la Bolsa de Valores, en 1929, llevó a la ruina total a Bill, lo que no había logrado su alcoholismo. Muy endeudado se fue a vivir a la case de los padres de Lois, y mientras ella trabajaba, Bill vivía para beber, porque tenía que beber para beber para vivir. “Igual que otros alcohólicos, yo ocultaba el licor en el desván, debajo de los muebles, incluyendo mi cama o en el depósito de agua del excusado”, relató.

En 1932 Bill comenzó a temer por su salud mental, creía que se estaba volviendo loco: “Una vez, embriagado, arrojé una máquina de coser contra mi adorada Lois pero no llegue a golpearla; en otra ocasión me sentía tan mal que temía hasta el pánico que los demonios que había dentro de mi me hicieran lanzarme por la ventana del segundo piso de mi dormitorio, por lo que arrastré un colchón a la planta baja por si saltaba súbitamente”.

En 1934 Bill ingresó al Hospital Charles Towns de Nueva York especializado en el tratamiento del alcoholismo, época en que se consideraba al alcohólico una persona sin buen voluntad, sin carácter ni disciplina moral, en pocas palabras un sinvergüenza, pero el doctor William Duncan, que aseguraba que el alcoholismo era una enfermedad, le dijo a Bill que estaba en un estado tan avanzado su alcoholismo que era muy difícil su recuperación porque daba señales de grave lesión cerebral y que podría pasar hospitalizado es resto de su vida como un demente.

Bill respondió satisfactoriamente al tratamiento, se le veía robusto y fue enviado a su casa para su recuperación total. Dejó de beber alcohol varios meses, pero a la mañana siguiente del aniversario del fin de la Primera Guerra Mundial, Lois lo encontró borracho aferrado a la cerca que rodeaba la casa. Bill vio que en los ojos de su querida esposa moría el último rayo de esperanza y se derrumbaba toda voluntad humana. “En ese momento yo supe que estaba condenado a la locura o a la muerte, y me resigné mi final: mientras tenga la ginebra en mis manos... un par de semanas después, tras otra borrachera, volví al hospital e ingrese voluntariamente”, recordó Bill agregando que su amigo y compañero de borracheras e infortunio Ebby Thatcher le había aconsejado que fuera honesto consigo mismo, que aceptara que estaba destrozado totalmente y que hablara con alguien y que se encomendara a Dios porque estaba liquidado. “Pero yo no quería saber nada sobre la existencia de Dios o de un Ser Superior”, dijo Bill reconociendo que se había situado voluntariamente a sólo un paso de la locura o la muerte...

Nueva Junta de Servicio en el Grupo

El grupo de A.A. San Cristóbal realizó su cambio de Junta de Servicio en Sesión de Trabajo, el pasado 30 de mayo; quedando conformada así: Pedro Z. como Coordinador, Luis L. como Secretario, Francisco P. como Tesorero, Norman M. como Encargado de Literatura, Rodolfo T. y Martha H. como vocal I y II respectivamente, por el período del 01 de Junio 2011 al 30 de Septiembre 2011.

2.6.11

El día que conocí a Bill W.
Fundador de la Sociedad de Alcohólicos Anónimos.

Entrevista realizada por José Bernardo Pacheco de la Revista TV ESPAÑOL.

En 1967 visité la sede de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, en Nueva York, como parte de una gira de estudios por los Estados Unidos de América, ocasión que aproveché para lograr una entrevista periodística con Bill W., fundador de la Sociedad de Alcohólicos Anónimos, AA, que en aquella época tenía más de 90,000 grupos afiliados en 116 países del mundo, incluyendo Rusia y Polonia, primeras naciones detrás de la “cortina de hierro” que aceptaron los grandes beneficios sociales y de salud del programa de recuperación de A.A.

Bill W. me recibió como a un viejo amigo en la oficina central de Alcohólicos Anónimos de Nueva York el 12 de enero de 1967, día que conocí a este extraordinario “hombre ordinario”, reconocido por el mundo como el más grande arquitecto social del siglo XX.

Bill W. me recibió por mi gran interés demostrado en conocerlo y, en especial, como él me lo dijo: “Porque tú vienes de El Salvador, un país que yo admiro mucho por ser la tierra extranjera más fértil donde germinó y dio frutos extraordinarios el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos”. Su admiración por mi patria –le respondí a Bill W. – nos enorgullece a los salvadoreños. A todos.

Nadie ha tenido una historia más grande que contar, como la propia vida de Bill W. y el nacimiento de Alcohólicos Anónimos; “Un cuento para irse a dormir”, Como él lo decía con toda humildad. Bill W. nació el 26 de noviembre de 1895 en la ciudad de Dorset, Vermont, E.U.A. Cuando él tenía 10 años de edad sus padres se divorciaron y quedó a cargo de sus abuelos maternos. En aquella época, 1906, un divorcio era desastroso para la familia, y para un niño, peor... Para contrarrestar su soledad y angustia el pequeño Bill tenía que hacer grandes esfuerzos para sobresalir; a los 12 años de edad comenzó ambición y espíritu de competencia al destacarse en la música, los deportes y las ciencias. Con sus frágiles manos reparó un violín roto y practicó con el hasta llegar a ser el primer violinista de la orquesta de su escuela. Sin ser un atleta por naturaleza se esforzó y logró ser el capitán del equipo de béisbol.

Bill bebió su primer trago de alcohol a los 22 años de edad cuando era oficial del Ejército de E.U.A durante la Primera Guerra Mundial, en 1918. El tímido Bill se sentía incómodo y marginado en las reuniones, hasta que alguien le dio de beber un cóctel de ginebra y vermut mezclado con jugo de naranja. “Aquella enorme barrera que me había separado de los demás se derrumbó y sentí inmediatamente que ya pertenecía al grupo, que era yo parte de la vida; cuanta magia había en aquellas bebidas alcohólicas, podía hablar, reír con seguridad y ser muy ingenioso” , creía Bill, convirtiéndose desde un principio en un bebedor compulsivo, fue de esas personas a las que el alcohol les altera destructivamente el cerebro y las emociones, y ya no tienen control después de beber el primer trago que provoca el imperioso deseo del segundo, el segundo del tercero, el tercero del cuarto... y así hasta la tragedia que puede ser la locura, la cárcel o la muerte como punto final.


En 1913 Bill conoció a Lois Burnham esbelta y refinada muchacha de una adinerada familia de Nueva York, y se enamoró decididamente de ella. El amor de Lois por Bill fue tan apasionado, puro y constante, que resistiría los tormentosos y trágicos años del alcoholismo de Bill, quien ya casado con Lois viajó a Francia luciendo sus insignias de teniente de artillería y, al finalizar la Primera Guerra Mundial, en 1918, había demostrado Bill que era un triunfador, un líder de hombres destacados, un héroe como pocos.

Continuará...

25.5.11

HOMBRES EN FUGA

Derechos Reservados: Se autoriza la reproducción de los textos sin fines comerciales, y con referencia a la

Este libro es un homenaje a Alcohólicos Anónimos. Agradeciendo a los grupos A. A. la
ayuda que directa o indirectamente le han proporcionado, el Autor advierte haber puesto
la mayor atención en respetar el principio del anonimato. A quienes, sin embargo,
imaginen verse reflejados en algún personaje, el autor les recuerda que las historias de los
alcohólicos son, según una expresión corriente en los grupos, copias al carbón: invoca por
lo tanto otro principio, el de la tolerancia.

Juan Manuel, quien el año pasado por estas mismas fechas era aún, —él que tal
vez no haya llegado a los treinta años de edad— la encarnación del caos físico y moral,
un caos lindante con la abyección, ha establecido diligentemente, al levantarse hoy a
las siete de la mañana, el empleo de su jornada. Saldrá de la oficina —trabaja como
supernumerario en la Secretaría de Educación Pública— a las dos y media en punto.
Puesto que es viernes, irá de inmediato, tomando un atiborradísimo autobús, al
Centro Asturiano, donde una vez por semana algunos miembros del grupo Valle de
México tienen por costumbre reunirse en una salita, llamada «de los borrachos», para
consumir una comida abundante y abundantemente enriquecida de bebidas
multicolores. La comida cuesta casi cincuenta pesos, suma que Juan Manuel no
puede permitirse gastar sino en circunstancias excepcionales; pero ayer por la tarde,
tras haberlo comentado así con los compañeros que lamentaban sus frecuentes
ausencias, fue invitado formalmente por Julito G., que, con su joven esposa Gabriela,
le demuestra una simpatía muy viva. Es de prever que la comida, amenizada por los
chascarrillos quizá excesivos de Teodoro, durará hasta las cinco; a esa hora Juan
Manuel irá al dentista, que tiene el consultorio no muy distante, en Baja California
esquina Nuevo León, y allí presumiblemente permanecerá, ¡ay!, hasta las siete. A las
siete y cuarto tiene cita con Pilar delante del Café de las Américas; de allí, a pie, irán a
la junta del grupo Matt Talbot.

Pilar es una española de edad indefinible que se presentó en el Matt Talbot hace
dieciocho días con un apasionamiento evidente: marca de un apuro desgarrador.
Elegante, o más exactamente distinguida, y sin ningún esfuerzo, su piel es trigueña,
sus ojos son de un verde que desconcierta, y el cabello lacio le enmarca el rostro de
pómulos altos, macerado: hace pensar, ha dicho ayer Bartolo E, el insolente, en una
hija más o menos ilegítima de Isabel la Católica y de Cristóbal Colón el navegante.
Juan Manuel la considera algo suyo en el sentido de que, habiéndola visto llegar, en
estado de visible angustia y acompañada de un caballero que luego resultó ser su
marido, a la entrada del edificio del Matt Talbot, se le acercó, obedeciendo a un
impulso de afecto, y le habló, la acompañó casi sosteniéndola, por las escaleras, y la
hizo sentarse junto a ella —el marido, por supuesto, se había quedado en la calle—. Le
preparó un café, y luego, al terminar la junta —que no se distinguió ni por su
esplendor estético ni por su delirante alegría—, la invitó a que lo siguiese al Valle de
México, donde los miembros se reúnen más tarde. Pensó que una señora como
aquélla habría de sentirse más a gusto en el Valle de México, ya que, si bien es cierto
que la institución se halla señalada por la igualdad —la muerte es democrática— no es
menos cierto que cada uno de los grupos tiene características propias, por lo que todo
compañero o candidato a compañero escoge libremente el que le parezca más idóneo
para los efectos de su salida de la muerte.

Y Pilar volvió al Valle de México, todos los días. Dieciocho días constituidos por
tantas horas interminables: dieciocho días pueden ser la eternidad. Lo que tiene
detrás de sí es lo que se comienza a saber. La historia habitual: el inimaginable
horror. En su caso duró, al parecer, una decena de años. De los que estuvo cinco en
tratamiento psicoanalítico: en vano. «La locura, en comparación, es...», ha dicho
Dionisio, su marido; y no ha terminado la frase. La impotencia roe el vocabulario.
Ayer por la noche Juan Manuel invitó a Pilar a que fuese con él al Matt Talbot —
donde ella no ha vuelto más después de la primera vez— porque se iba a celebrar el
quinto aniversario de Feliciano, al que llaman el Jovenazo. Un alma de Dios si acaso
ha habido alguna: así lo dicen todos. Es un anciano gordo, pobremente vestido de
gris, que anda trastadbilleando, sin cultura y sin un centavo: nada tiene salvo la
gracia de Dios.

«Es un alma de Dios —le dijo Juan Manuel a Pilar— y aunque no sabe poner tres
palabras en fila, cuando abre la boca emana fuerza, emana una bendición, y también
cuando está callado hay en torno a Feliciano el Jovenazo, una luz. ¿Irás? Mañana a las
siete y cuarto en punto de la tarde estaré frente al Café de las Américas. ¿Irás?»
«Iré.»

«Y luego, después de la fiesta en el Matt Talbot, iremos al Valle de México;
todavía nos quedará una media hora, hasta las diez; luego iremos al Sanborns, como
siempre, y allí podrás reunirte con Dionisio: estará Griselda con su marido Ignacio,
estará Jorge M. con su esposa Covadonga, estará Miguelito, estará...»
Mientras corre al dentista, y la noche se cierne sobre la Ciudad de México, Juan
Manuel es feliz pensando en la velada que lo espera.

***Gracias por seguir visitando nuestro blog, especialmente los compañeros del Área 19 de Mixco y nos vemos en el próximo tema. Ya saben pueden escribir a chamelcoav06@yahoo.es

Llegada del mensaje a Italia.

“Seguramente ya te había mandado este breve artículo, pero siempre que lo leas el pensamiento es para ti, porque eres grande. Pensando en cuantos amigos son salvados con tu ayuda, enfatizo que eres mucho mejor que un Premio Nobel.”

Un abrazo fuerte.
Carlo.

Nota de Marzo de 1985.

La asociación de Alcohólicos Anónimos en Italia fue fundada por mi y el alcohólico, mexicano Juan Héctor mediante una reunión pública de información en una sala de Palazzo Caponni en la ciudad de Florencia, el primero de julio de 1974, en mi memoria no recuerdo el dato exacto. Pero fue uno de los eventos más importantes de mi vida. (y de muchas otras vidas humanas). Veníamos dispuestos de México con aquella intención, con aquél proyecto. Hace un año fue publicada por Rizzoli, (publicado originalmente en español)
Hombres en fuga; titulado: “Uomini in Fuga”, la gran aventura de los Alcohólicos Anónimos. De aquella primera dramática reunión, empujados por la curiosidad, acudieron siquiatras como el doctor Giuseppe Giannoni, y el doctor Manfredo Baronti, algunos cronistas etcétera. Se creó el primer grupo de A.A. que nunca antes se había establecido en Italia. No había tenido más que vanos tentativos fallidos que cayeron en desgracia. Existian pocos alcohólicos aislados. y esto que yo llamaría una base de lengua inglesa en Roma. La organización de A.A. en Italia nace de esta reunión al calor del verano. Fui yo quien habló con el pastor de una iglesia protestante, aquella de la calle Rucellai con el fin de que nos prestara un local para al primer grupo: lo llamamos “Grupo Firenze”. Yo elaboré con mis propias manos, ayudado por Juan Héctor, los carteles con “Los Doce Pasos y las Doce Tradiciones”. Casi nadie en ese tiempo quiso creerme, pero hoy en Italia A. A. es una realidad que salva vidas humanas. Fui a divulgar el termino “alcolisti” que hoy se usa sin oposición.

Antes decíamos incorrectamente, “alcolizzati”. La influencia de mi libro es tal que en el lenguaje de los A. A. Italianos se usan expresiones y palabras del español de México.

Carlo Coccioli, Marzo de 1985.

Reunión en A.A. México para preparar el libro de Hombres en Fuga.

18.5.11

Deshonestidad y Traición

Una de tantas noches llegó al grupo presencial donde yo milito una persona que por sus rasgos físicos no podía pasar desapercibida y lo más extraño era que no parecía que el alcohol haya hecho estragos en su vida, pero es costumbre que toda persona que llegue a una reunión de alcohólicos anónimos este allí porque tiene problemas con la bebida o al menos así lo considero. Se trataba de una mujer joven de buena apariencia. Inmediatamente después que el coordinador de la reunión terminara de leer la Tercera Tradición, levantó su mano pidiendo ayuda, estaba muy nerviosa pero su actitud compadeció a los presentes y también despertó admiración por su belleza y juventud, se escuchó el aplauso y después las palabras de bienvenida.

Pasaron los días y la nueva compañera seguía llegando. Por sus virtudes se consideraba que sería una buena A.A. para ayudar a otras mujeres. La mayoría trataba de ser amable con ella respecto al bello programa de alcohólicos anónimos. Pero hay otra situación que afecta a los grupos con relación a la siguiente interrogante: ¿Qué hacer con los grupos dónde se pelean por apadrinar a las mujeres?, Todo esa camaradería y alegría que había despertado en el grupo, la presencia de Lolita; se transformó como cuando vivíamos antes, una vida ingobernable, llena de deshonestidad y traición.

Después de algún tiempo Lolita dejo de llegar al grupo, no sé cuál será el concepto que ahora ella tenga de A.A. pero para mí es una traición y deshonestidad. Una experiencia más que se repite en los grupos por falta de honestidad y lealtad a el programa o estaré buscando la regla 62. Pero lo que si es cierto es que el programa de A.A. nos ha salvado la vida y por lo tanto debe tomarse como tal.

Muchas 24.

11.5.11

Controlar la ira y el enojo
 

Hubo un tiempo que me mantenía enojado o con ira desde que me levantaba por la mañana, porque no estaba conforme con mi vida, porque no era el hombre más rico del mundo, porque no era el presidente, porque no tenía a miss universo de mujer, porque no tenía a los mejores hijos, porque no me esperaba un chofer con un auto último modelo, porque no tenía el mejor trabajo... estaba viviendo mal, muy mal.

A continuación algo que nos puede ayudar a vivir bien:

 La persona iracunda sufre una contracción del rostro, acompañada de una mímica que manifiesta estupor y rabia a la vez.
  • El enojo: es una actitud humana que nace del carácter y está influido por el temperamento.
  • La ira: es la forma en que expresamos el enojo, es una reacción más violenta.
Dañan seriamente las relaciones familiares, perdida de los hijos o del matrimonio. Los iracundos reprimen y guardan su coraje cuando están en lugar extraño, es una bomba de tiempo que estallará.


Causas que provocan la ira:

a) El medio paterno con un comportamiento similar
b) Fueron niños golpeados o víctimas de abuso físicamente, verbalmente y emocionalmente
c) Personas incapaces de expresar sus propias emociones correctamente y fon firmeza
d) No aprendieron a dialogar, a confrontar y resolver sus problemas de una manera asertiva o con certeza.


El enojo en el matrimonio: Podríamos decir que es casi inevitable. Dos personas de distintos caracteres viviendo bajo un mismo techo pueden tener, por no decir "tienen o tendrán" diferencias. Esto es completamente normal.


 El amor en la pareja: El amor a Dios hará crecer el amor mutuo en la pareja.
 El matrimonio debe de ser como un niño y aprender a perdonarse prontamente cualquier falta u ofensa antes que se haga más grande.


La relación con los hijos: La relación con los hijos debe ser una de amor y comprensión, evitando la ira excesiva, el enojo y la contienda.
Técnica de auto ayuda:
 El único método probado que te ayuda a salir de ese estado de enojo y cólera, es cambiar su posición.

Así que cuando sienta que está enojado, el primer paso que debe seguir para controlar la ira, es detenerse a pensar si está de pie. Si es así el paso a continuación será tomar asiento de inmediato.

De manera contraria produce el mismo efecto tranquilizante. Es decir que si se enoja mientras está sentado, debe ponerse de pie de manera instantánea.


Como controlar la ira en el tráfico pesado:
 Puede elevar su tolerancia respecto a los acontecimientos que provocan su ira. Vea el aspecto positivo o la solución del asunto en lugar de enfadarse.

Cuando se enfade, pasado el primer momento, piense que no vale la pena seguir enfadado, porque la adrenalina segregada por su cuerpo envenenará todo su sistema.

Algunos pasos para controlar la ira

- Identifique las causas más comunes que le provocan la ira
- Confronte las causas una por una hasta lograr una sanidad completa
- Si identifica que guarda rencor o resentimientos hacia alguna persona, deberá perdonarla para ser sanado y quitarse esa presión emocional que afecta su relación con su Poder Superior o Dios
- Dele una oportunidad al autor de la vida de corregir sus problemas de carácter


Bibliografía